Turismo, expectativa y dudas para la temporada invernal

TILCARA (Corresponsal) Cerca de lo que, no hasta hace muchos años, se sabía en la Quebrada que era el tiempo de sembrar el ajo, cualquiera sabe ahora que se trata de la temporada baja.
Entonces, entre las fiestas de San Juan y de San Santiago se consumían las verduras que habían guardado en pozos cubiertos con paja.

Los hoteleros que consultamos en estos días sobre la temporada invernal que se abre, cuentan cosas parecidas, porque los meses de mayo y junio terminaron de quemarles, a muchos, las reservas.

Uno nos habla de que en 28 días sólo le entró un visitante al que tuvo que hacerle descuento por ser familiar de un amigo.

Otro, más filosófico, agradece el tiempo en que puede pasear por el pueblo sin necesidad de volver corriendo para atender a nadie.

Es de la vieja camada migratoria, de la que llegó a Tilcara cuando aún el turismo era algo chico y terminó por construir un par de cabañitas donde antes tenía los surcos. Lo cierto es que ambos se reconocen dentro de la franja media de la oferta de alojamiento: entre la que da sus camas a los mochileros por pocos pesos y los hoteles caros.

El primero de ellos nos dice que espera a que se sature la franja más barata para que los que cuentan las monedas deban aceptar algo más cómodo, pero de mayor precio, y que la franja de servicios más caros se llene para que los que no tienen allí lugar acepten su servicio, que no es bajo aunque sea modesto. Lo que los asusta es el tiempo en el que las vacaciones de invierno no nos arroja aún el turismo porteño. Los de las otras provincias, nos dicen, no suelen reservar sino que vienen a buscar.

No se los ve mucho por las calles, al menos de día, pero un remisero nos informa que, por ejemplo, la Garganta del Diablo estaba llena de gente por estos días. Nos dice, como reclamo, que todos vienen con auto. Se entiende: pocos toman remis para visitar los sitios bellos algo alejados del pueblo. Pero las semanas en que salen de vacaciones en Buenos Aires tiene otro carácter, y ya muchos, sino todos, hicieron sus reservas. Llaman a Tilcara, por ejemplo, desde Purmamarca porque para determinadas franjas del mercado turístico no queda lugar en esas semanas que van de mediados a fin de mes.

Otros pensaban que la devaluación del peso haría que harto europeo se llegara para hacer valer el euro, pero un análisis de la crisis europea vista desde Tilcara hace pensar que los europeos están asustados y prefieren ahorrarlos para lo que pudiera pasar. El tema es que la temporada que siempre fue baja parece que lo fue más este año, y muchos piensan en que pueda también serlo después del receso invernal, cuando antes se llegaba cantidad de gente de allende el océano.

Habrá que hacer un colchón para aguantar todo ese tiempo, dicen.

El tema es que, por las dudas y sobre todo en la franja media de hotelería tilcareña, debe pensarse en, a la vez que ajustarse para captar la mayor cantidad de turistas que pueda albergar, también juntar para lo que pudiera pasar en los meses de agosto y setiembre, algo parecido a lo que hacían los viejos agricultores claro que, ellos vivían con mucho menos.

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