El jefe de la AFIP confesó en la Embajada de EE.UU. que está “preocupado”

Por Natasha Niebieskikwiat

En la masiva celebración por el 4 de Julio, Echegaray mostró su inquietud por la caída de la recaudación en el comercio exterior.

Con cuadras de colas de argentinos que se agolpan a diario a las puertas de la embajada de EE.UU. para sacar visas de turistas, el gobierno de Barack Obama decidió reinstalar la fiesta del 4 de julio que la sede diplomática realizaba cada año para la sociedad política y empresarial de la Argentina y que en 2011 fue interrumpida.

La celebración de ayer, con banda de música, demostró que los cables de wikileaks en que funcionarios estadounidenses reflejaron sus poco positivas opiniones sobre los Kirchner y el incidente bilateral por un avión del Pentágono retenido por la Aduana en Ezeiza, no iban a opacar un vínculo añejo y acostumbrado a los zigzagueos.

De allí lo radiante que buscó mostrarse la embajadora Vilma Martínez con su mensaje escueto (se refirió al “proceso democrático basado en la paz, la justicia, la libertad, y la prosperidad compartida”), e invitados variopintos.

Por ser el hombre del gobierno de Cristina Kirchner con más alto rango que dio presente ayer, el jefe de la AFIP, Ricardo Echegaray fue la estrella de un festejo colmado de interrogantes sobre la marcha de la economía , la situación política y social, y la caída de la imagen presidencial.

Ello mantuvo bien solicitados a los encuestadores Fabián Perechodnik (Poliarquía), Marita Carballo y Graciela Romer. Pero bastó el diagnóstico que hizo Echegaray para abrir los ojos como platos: reconoció el funcionario a los presentes que lo inquietaba la caída del 19% en la recaudación de los impuestos a las exportaciones . Y lo comparó a lo ocurrido en 2009 cuando los impuestos al comercio exterior se desplomaron y tardaron más de seis meses en recuperarse.

Alguien quiso saber si iban a ser más flexibles con el dólar pero la respuesta fue clara.

“No hemos perdido un solo juicio”, respondió en obvia alusión a que continuará el férreo cepo cambiario.

Más allá los economistas se dividían. El moderadamente optimista Javier González Fraga y el moderadamente pesimista Carlos Melconian. González Fraga invitaba a entender que, como en el tenis, los contrarios también juegan, metáfora que reflejaba que el Gobierno tiene instrumentos. Melconian prevé tiempos muy duros en un país que “se quedó sin caja” . El ex negociador de la deuda, Daniel Marx, oficiaba de testigo sin definirse. Y la relacionista Graciela Adam respondía sobre la situación de las eléctricas.

Ayer hubo una fuerte presencia empresaria: Ignacio De Mendiguren, de la UIA, el CEO del Grupo Clarín , Héctor Magnetto, el presidente de Fiat, Cristiano Rattazzi, el titular de CAME, Osvaldo Cornide, el CEO del Citibank, Juan Bruchou, además de Adrián Werthein, Guillermo Stanley y el banquero Jorge Brito, entre tantos otros.

Aldo Roggio mostró su desazón por no saber quién es ahora el dueño del subte que maneja su controlada Metrovías.

El diputado Francisco De Narváez se despachó con que el gobierno estaba más que “desarticulado” de lo que le pasa a la gente. “La inseguridad, la inflación, la caída del empleo” fueron sus ejemplos y pidió hacer una llamada al organismo encargado de otorgar los créditos para viviendas que anunció la Presidente, “para darse cuenta de que nadie tiene idea de cómo se implementan”.

Representativos de la política estaban el ex presidente Fernando de la Rúa, María Eugenia Vidal y Guillermo Montenegro (vicejefe de gobierno y ministro de seguridad porteños), el auditor Leandro Despouy, la Abuela de Plaza de Mayo, Estela de Carlotto; las senadoras Norma Morandini y María Eugenia Estenssoro, el ex embajador Alfredo Chiaradía.

El ex gobernador Hermes Binner juzgó que lo que la retención de fondos que la Casa Rosada hacía ahora al gobernador Daniel Scioli demostraban la “ fragilidad de la democracia ” argentina.

Comentá la nota