Inversión, seguridad y responsabilidades

Las cuestiones de “incumbencia” no cuentan cuando pende de ello la vida de personas: del que muere y del que tira, porque ambos son víctimas del mismo fenómeno. Si la Provincia no hace lo suficiente, allí tendrá que estar el Municipio porque los vecinos han votado un gobierno y no un departamento de quejas.
La víscera más sensible es el bolsillo. Para las vecinos de a pie, pero también para las instituciones y para los gobiernos. Por eso, cuando se habla preocupaciones políticas o prioridades de una gestión basta ver el presupuesto votado a principio de cada año. El volumen de dinero destinado a cada área es un indicador indiscutido de la importancia que se le otorga, política y administrativamente, pero también desde el punto de vista de la gestión.

Si la seguridad importa –o por decirlo de otra manera: si la inseguridad de los vecinos importa- esa relevancia debe verse reflejada en los recursos que la Comuna destina a prevenir el delito.

La otra parte del asunto, la represión del delito una vez cometido, es otro asunto que ya no depende de sus resortes. Pero se puede hacer mucho antes de ese punto de no retorno, donde ya existe una víctima, un victimario y una estadística que de poco sirve a esa altura.

Después de 9 años de gestión, el Gobierno de Miguel Lunghi decidió sumar a su estructura un área de estadísticas. Pero una vez creada, su primera misión no fue la estadística de seguridad. Es evidente que desde el punto de vista “informativo” el tema no está primero en la agenda.

De hecho, Lunghi se informa por las estadísticas de la Policía. Y la Policía realiza una extraña mezcla de estadísticas puras (casos denunciados) con otras más “dinámicas” –de dudosa metodología científica- que revelaron que los casos locales “no aumentaron”. ¿Entonces por preocuparse?

Después de 9 años de gestión, se puso en funcionamiento un sistema de cámaras de seguridad. Son apenas una docena cuando en otros distritos se suman de a centenas, en los principales accesos de la ciudad, pero también en zonas clave que surgen precisamente de las estadísticas que no se tienen aquí.

Como si eso fuese poco, hasta ahora el poco resultado que han demostrado las cámaras fue un aporte “destacado” en un programa televisivo donde la audiencia nacional pudo regocijarse con una gresca adolescente y una chica de pocos años un tanto beoda. No ha sido informado hasta ahora que alguno de esos pocos aparatos haya servido para desentrañar un verdadero ilícito. El sistema puede ser útil, pero en la escala que ha dispuesto el Gobierno local es poco más que un “souvenir”.

Después de 9 años de gestión, el área de Seguridad Ciudadana es apenas una “cáscara” administrativa que apenas justifica algunos pocos cargos, pero no tiene una misión y una herramienta de peso para impactar sobre el tema que le compete.

La Comuna rechazó en su momento la idea de tener una policía vecinal. Aseguraba por entonces que la seguridad era resorte de la Provincia. No quería sumarse un “problema”. Se limitó a ponerle combustible a los patrulleros y a cambiarle algún que otro repuesto a cuenta del Municipio. Y hasta “sumó” a su inversión en Seguridad las luminarias colocadas por la Usina en zonas periféricas y los cortes de pasto en los lotes abandonados. Lo que en algunos barrios es “puesta en valor del entorno” en otros es “inversión en seguridad”.

¿Se puede decir que todo esto forma parte de una estrategia, de una política pública de seguridad? Evidente, para algunos funcionarios lo es. ¿La inversión real en la prevención del delito en Tandil es acorde a la preocupación política que dicen tener? Evidente, para algunos funcionarios sí.

Desde el Municipio se ha descrito la sociedad actual como un entramado en “descomposición” para justificar los casos de violencia que rodean cada vez más de cerca los ilícitos y en donde “la vida no vale nada” y donde los marginales salen a “cazar”. La descripción encaja muy bien con la sensación que deja a los vecinos una prolongada exposición a los medios, en donde pasan desde un tiroteo en La Matanza, a un asesinato pasional en Misiones, pasando por el doble crimen de Cañuelas. Pero no se justifica en boca de un jefe comunal.

Supongamos que la descripción de la “descomposición social” se sujeta a la realidad. ¿Qué se hace para recomponer esa trama en Tandil? Volvemos al presupuesto. ¿Cuánto se invierte en materia social para suplementar lo que dispone Provincia a través de becas para niñez y adolescencia? ¿Cuánto se invierte en Educación para cubrir los baches que deja el sistema provincial y que repercute en la riesgosa deserción? ¿Cuánto se invierte en capacitar y formar cooperativas y luego contratarlas desde el mismo Municipio?

¿Cuál es la preocupación real en materia social si se sospecha que la mitad de la ayuda directa de Desarrollo Social fue utilizada, hasta no hace mucho, para comprar insumos y pagar a carpinteros, herreros y mecánicos que debían cobrar a través del sistema de Compras del Municipio?

Recientemente, el intendente Lunghi salió a decir que los tandilenses se debían cuidarse “entre todos”. El mismo criterio podría utilizar para otros asuntos, pero no lo hace. No manda a decir que los tandilenses deben “pavimentar entre todos”, deben “sanarse entre todos” o deben “construir las plazas entre todos”. Claro, no se puede inaugurar un “no crimen”; no se puede sacar una fotografía junto a un “no criminal”.

La seguridad, como la salud, como la educación y vivienda son cuestiones de “todos” pero son responsabilidad de los gobiernos. Y las cuestiones de “incumbencia” no cuentan cuando pende de ello la vida de personas: del que muere y del que tira, porque ambos son víctimas del mismo fenómeno. Si la Provincia no hace lo suficiente allí tendrá que estar el Municipio porque los vecinos han votado un gobierno y no un departamento de quejas.

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