Grupos islamistas destruyen siete mausoleos y una mezquita en Malí

Fue desde el fin de semana. Son grupos fanáticos que dominan el norte del país africano tras un golpe de Estado.

Los pobladores de los barrios del sur vieron pasar a los milicianos islámicos sin estimar lo que iba a suceder. Con turbantes, barbas largas, picos, mazas y unos cuantos fusiles Kalashnikov llegaron al cementerio de Djingareyber. Pocas horas más tarde salieron a los gritos por el mismo camino que habían tomado. “¡Dios es grande!”, repetían una y otra vez. Detrás había quedado destrozado el monumento a Sheij al Kebir, construido en 1327. Esa misma suerte sufrieron el fin de semana siete de los 16 mausoleos a los santos musulmanes y la mezquita más grande de Tombuctú, la mítica ciudad de Malí, que fue declarada Patrimonio de la Humanidad en 1988. Todos fueron atacados por un grupo salafista que controla el norte del país, tras un golpe de Estado cometido contra el gobierno central el 22 de marzo.

Los islamistas de Ansar al Din (Defensores del islam), controlan desde entonces esa región, junto a Gao y Kidal. Los medios los vinculan con Al Qaeda, aunque los especialistas los ubican como jihadistas independientes del grupo que fuera liderado por Osama Bin Laden. Después de que el fin de semana destruyeran siete mausoleos de santos islámicos, ayer milicianos destruyeron la entrada de la mezquita Sidi Yayia , uno de los atractivos turísticos de la zona.

La de Sidi Yayia es una de las tres grandes mezquitas de Tombuctú, junto con las de Djingareyber y Sankore, consideradas además joyas arquitectónicas durante el auge de esta antigua ciudad.

La puerta estaba cerrada desde hace décadas, ya que según los relatos locales, su apertura provocaría el fin del mundo. Los islamistas la rompieron para demostrar que la creencia no era cierta. “Esa puerta además conduce a un sepulcro de santos y si los islamistas lo hubiesen sabido, habrían destruido todo”, sostuvo uno de los testigos.

“La ciudad de los 333 santos”, como se bautizó a Tombuctú, alberga numerosas tumbas y mausoleos en homenaje a esas imágenes, y eso provoca el rechazo de los elementos más radicales del islamismo sunnita, cuya visión de la religión les lleva a considerar herejía a cualquier otra forma de culto que se separe del más estricto monoteísmo.

Ante las destrucciones de los sitios históricos, la asociación de líderes religiosos de Malí sostuvo que “hasta el profeta (Mahoma) mismo iba a visitar las tumbas y los mausoleos. Esto que hicieron es intolerancia”.

Luego de destruir mausoleos en Tombuctú, los islamistas intervinieron en Gao, donde minaron los alrededores de la ciudad. “Mucha gente intenta huir, tomarse ómnibus para irse a Bamako, pero los islamistas les impiden abandonar la ciudad ”, agregaron fuentes de los tuareg, refugiadas en la capital.

La UNESCO condenó ayer “firmemente” la destrucción de los mausoleos, y pidió que cesen estos “actos repugnantes”.

Tombuctú fue fundada entre el siglo XI y el siglo XII, según los documentos, por tribus tuaregs. Fue un gran centro intelectual del islam y una antigua metrópoli mercantil próspera gracias a las caravanas. Decenas de miles de manuscritos, algunos de los cuales datan de la era anterior al islam, son un testimonio de su antiguo esplendor y de su edad de oro en el siglo XVI. Por estas características míticas, el país africano es permanentemente nombrado en la literatura contemporánea.

Comentá la nota