El Frente Renovador redoblará su apuesta en la lucha contra las pintadas

El massismo de Tandil se propuso fijar postura y dar una receta de solución a la cuestión de las pintadas en Tandil. Chocó contra la voluntad de un Ejecutivo que no quiere ceder el protagonismo y apeló a los argumentos legales. Entre tanto, el radicalismo prepara su propio proyecto. El Frente Renovador volverá a la carga, esta vez con una “patrulla antigrafiti”.
Las pintadas callejeras empiezan a ser un “problema” en la ciudad. Los frentistas se quejan, los medios se hacen eco y el sector político empieza a estudiar la cuestión. El impreciso concepto de “grafiti” empieza a desmenuzarse y, en principio, las intervenciones más artísticas comienzan a separarse de las meras “firmas” o “tags” que son mayoría en muros urbanos.

En los últimos tiempos se pintaron los muros de la Iglesia Central, pintaron el lomo de un perro y las puertas del auto de un conocido empresario de medios locales que tiempo atrás también sufrió las pintadas en su casa. El spray empieza a tocar el poder real y los ruidos se empiezan a sentir.

El Frente Renovador tiene un “saber” que lo precede: lo realizado en Buenos Aires a través de gestiones del PRO; y un mandato de un sector de la población local que está molesta porque sus frentes recién pintados son la tentación de los firmadores seriales. Y fue el primero en presentar el proyecto.

Pretenden elevar las sanciones económicas a los “firmadores” o a sus padres, en caso de que sean menores de edad. Para eso hablan de extender una ordenanza-decreto municipal de cuidado de espacios públicos (de 1981) y llevar la multa de 1500 pesos a 10 mil pesos o más. También hablan de trabajos comunitarios para que el firmador repinte el muro atacado.

El radicalismo apeló a sus asesores legales y rechazó la propuesta massista. La concejal del radicalismo Romina Mapelli resaltó que la propuesta resulta “inviable dado que se presenta como inconstitucional” y que los concejales “no tenemos facultad para legislar en la materia por una cuestión de jerarquía normativa”. En idéntica línea, el trabajo comunitario de los menores sería asimilado a una suerte de “explotación” en contra de los derechos internacionales del menor.

El massismo aguarda. Cree que la misma población pondrá al lunghismo contra la pared en este tema y le pedirá soluciones concretas más allá del enunciado de que la cuestión de fondo es “educativa”. “No se quieren hacer cargo de nada”, cuestionan extraoficialmente en el FR, pero la población está muy enojada y exige medidas”, añaden.

Ahora, el massismo prepara su respuesta legal a los cuestionamientos redactados por el Departamento de Legales del Municipio. Además, sumará otra propuesta: conformar una Patrulla Antigrafiti que se encargue de limpiar los muros en menos de 48 horas a partir de un mecanismo de soluciones químicas especiales e hidrolavadoras. “Es muy barato y eficiente. Se pueden retirar hasta 45 pintadas por día. Los afectados podrán llamar y antes de los dos días podrán tener su frente limpio nuevamente”, señalaron.

El tema no es sencillo y toca zonas sensibles. La mayoría de los firmadores seriales son pibes de clase media acomodada. Algunos de los más famosos son hijos de conocidos dirigentes o empresarios de la ciudad. Ya comprar un aerosol es toda una inversión. Y si hace falta educación, es de otra educación de la que se estaría hablando. Por eso el massismo insiste en la fuerte sanción económica y la cuestión “social” sujeta al trabajo comunitario. Mientras tanto, la UCR trabaja en su propio proyecto.

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