Un CIC a estrenar está cerrado hace más de dos años

“No vamos a dejar que esté así, abandonado. No están haciendo un monumento, sino que es para utilizar”, dijo Valentín Torres.

Son más de 300 metros cuadros con todas las facilidades, las mismas que escasean en una de las zonas más pobres del país. Es la obra más importante en la misión aborigen donde viven alrededor de 2.000 personas. Tardaron ocho meses y se gastaron casi medio millón de pesos del Gobierno nacional en la construcción del Centro Integrador Comunitario (CIC) de la Misión Anglicana, en Santa María, municipio de Santa Victoria Este. Pero a pesar de que se terminó hace más de dos años, según denuncian los vecinos, hasta el momento nunca abrió sus puertas.

La mayoría de los habitantes son aborígenes y viven de los planes sociales. En la localidad cabecera del municipio, Santa Victoria Este, hay solo dos médicos para atender a más de 15.000 personas. En el centro de salud de Santa María no llegan los bolsones alimentarios y la leche para los niños con bajo peso desde hace casi dos meses, según confirmaron tres agentes sanitarios. Dirigentes originarios plantean su intensión de trasladar el puesto sanitario, que atiende 80 personas por día y está visiblemente deteriorado, al flamante CIC, que tiene sus puertas cerradas desde hace más dos años.

Las paredes ya se están descascarando y en la entrada se improvisó una barricada de arbustos con espinas. “Estamos apurados para que lo entreguen. La infraestructura está completa, solo que le faltaría la instalación de luz. Nosotros no vamos a dejar que esté así de abandonado. Queremos saber cuándo se va entregar a la comunidad, porque no están haciendo un monumento, sino que es para utilizar”, dijo el dirigente de la comunidad wichi Valentín Torres.

“Está terminadito hace dos años y no pasa nada. Nosotros queremos que en algunas de las salas de reunión, porque tiene diferentes áreas, se mude para acá el puesto sanitario que está muy malo. Acá es más cómodo, porque hay lugar para la enfermería y para los agentes sanitarios, que hoy no tienen donde reunirse”, agregó Torres.

Un pozo de agua sin bomba

El CIC no es la única obra terminada que no puede ser aprovechada por la comunidad. “Los médicos dicen que el pozo del que sacamos el agua no es bueno y trae diarreas. Por eso la comunidad se había levantado para pedir un nuevo pozo de agua limpia. Al pozo lo hicieron hace ocho meses y está listo, ya terminado. Pero nunca le hicieron la conexión, ni pusieron la bomba, así que no se puede usar. Queremos saber cuándo va estar funcionando”, contó Ramiro Romero, otro representante aborigen.

Santa María está a más de 500 kilómetros de Salta capital, sobre la ruta provincial 54, la misma que causó polémica tras conocerse los montos estipulados para su pavimentación.

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