La amenaza cambia pero Scioli no

Por Ricardo Kirschbaum.

Scioli recurrió a la ayuda federal como salida elegida por él mismo frente a la escasez de fondos para pagar salarios y el medio aguinaldo.

La respuesta ya se conoce: recibió casi la tercera parte de lo que reclamó. Y además, en fila, los funcionarios de la Casa Rosada (¡Hasta Boudou se animó a reprenderlo!) y algunos legisladores le recordaron que se ha llegado a esta situación en la Provincia porque el gobernador no sabe gestionar.

Como Scioli ha dicho que, si Cristina no consigue la reforma constitucional que la habilite, tiene aspiraciones presidenciales, el oficialismo rabioso detectó la “traición” y salió a sofocar no nato cualquier intento de Scioli.

El gobernador está en un brete muy difícil. Está en una provincia que aporta el 38 % de los recurso nacionales y sólo recibe de vuelta el 20%. Decidió que no emitirá “cuasimoneda” para disponer de recursos y no depender de la Rosada y no puede salir a buscar dinero al exterior por el altísimo costo que tiene.

Ese panorama complicado tiene consecuencias: los paros han comenzado para reclamar lo que legítimamente les pertenece a los trabajadores. No sólo el sueldo sino la certidumbre del pago.

Sobre ese fuego, el “cristinismo” decidió tirar nafta para avivarlo. Tanto Randazzo, ministro del Interior, como Aníbal Fernández, dos bonaerenses que conocen la realidad de la coparticipación, aconsejan mejor gestión a Scioli pero en realidad le están diciendo que es un inútil. Se acuerdan ahora, después de que Scioli les ayudó, dos veces, a obtener un amplio triunfo electoral. Muestra como ha mudado la consideración que tienen del gobernador y es el tránsito de haber sido un “aliado” a constituirse en un “traidor”, como Hugo Moyano.

El problema que tiene Scioli no es exclusivo: los gobernadores han salido a pedirle ayuda a Cristina porque de esa ayuda depende también tranquilidad. Hay quienes se despiertan pensando qué pueden presentar como novedoso para mostrar gestión de gobierno. Pero en realidad, todo se reduce a esperar que Cristina les abra o cierre la mano.

Es lo que la Casa Rosada conoce como método disciplinario. El problema de ese método, eficiente cuando se tiene qué repartir a cambio de esa disciplina ciega, es cuando los recursos son escasos como ahora. En este caso, el látigo no alcanza para alinear la tropa. Véase, si no, las inesperadas declaraciones de la esposa de Alperovich, tercera en la sucesión presidencial, defendiendo a Moyano.

La peligrosa idea de la Casa Rosada es que los conflictos en la Provincia sólo debilitarán al gobernador y no salpicarán a Cristina. Habrá que probarlo y exponerse a un pronóstico equivocado.

Frente a esto, Scioli ensaya su habitual no respuesta. Aplica el mismo remedio pero esta vez la amenaza es distinta. Ahora no tratan de domesticarlo, como antes, sino de terminar con el liderazgo del gobernador en el distrito más importante.

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